La lamentable historia de un cualquiera. 2ª parte

Los gatos bailaban y frías nubes se sentaban sobre mi cama, hacían aguacero en las madrugadas, entrando a mis sueños que ni yo controlaba. Armenio me visitó esa noche, quería un último favor a pesar de que sabía que no era santo de mi devoción.

La lamentable historia de un cualquiera

Aquel día dos niños corrían detrás de un perro y este se metía por debajo de los puestos del tianguis de la reforma, los niños le cerraban el paso y el pobre perro lloraba, con ganas de morderlos tiró jitomates, cebollas y limones. Miraban todos, en ellos me encontraba; se escuchó un fuerte golpe poco tiempo después caían elotes hirviendo, con la braza viva y el tequexquite al rojo vivo, quemando a los niños que jugaban con el perro.

La Florista. 2ª parte

Florista, oh mi bella florista, quiero miles de flores mañana en tu cumpleaños, que también es el mío por artimañas del destino. Entrena tu tino, que sea certero, también fino; sé que aún me quieres, pero al mismo tiempo sé que eso es para endulzarme las cartas, tus cartas lindas, mentiras hechas sueños guajiros.

La Florista. 1ª parte

Quise ir a ti para que me dieras un consejo, para que leyeras el llanto que me cargaba en el pecho, pero, no te encontré. Jale una silla, me senté con las piernas abiertas, te dije – venga haz lo tuyo -. Mierda, había olvidado mi dosis de estupidez y conformismo que se necesita contigo; ese día fui con mucha soberbia colgando de los bolsillos y un “vale madrismo” que me hizo despedirte.

Paulino

Yo te conté todas las noches lo afortunado que me sentía por tenerte en mi vida. Y, entre la noche que estaba, y entre el día que asomaba, tejía un te quiero con estambres coloridos. Te amé y con los versos que me hacía te creías feliz. Me abrazabas, me mordías, me torturaba con tu fragancia, dando el desasosiego más sincero.

Cayetana y su remordimiento

Cayetana, caminas por el parque de San Agustín, rondas con la mesura necesaria con la que la gente debe de rondar; rozas las flores y los truenos que hay secos por las jardineras altas; palomas huyen, palomas negras que traen bajos sus alas las albricias que se cantan en las notas de una canción ranchera. Matas con ese andar, en serio que matas.

Sueños de delirios

Extraño tu voz de aguardiente, tu voz de tequila, tu voz de vicio. El viento me trae rastros de lo que fue tu cabello, también me trae un poco de tu aroma candilante para mí y los otros que te dejaron.

Sobre Pedro Páramo de Juan Rulfo

Hay que tratar de ver está obra con una visión más real de lo que lo elitista nos llega a decir que está bien o que está mal. Debe de haber un desapego por lo eurocentrista y ser más propio del arte nacional, hecho en una expresión distinta a la que ya se conocía. En el caso de Rulfo, casi nadie lo entiende y no se le toma en consideración el gran aporte que hace a la literatura mexicana.

De la noche a la mañana

Tomé tu reboso, me lo cobijo cada noche, tomé tu lindo esbozo, me acaricio pensando que me visitarás cada noche. Se oyen voces del más allá, pero ninguna es la tuya que me saluda. Ninguna me dice que estas bien, tampoco aclaran mis ideas. Las rosas blancas ya se acabaron…