Ni una carta más

Por Fernando Miranda

Tiempo de lectura: 4 minutos

Nunca creí llegar al punto de tener que olvidarte en un verso escrito con tanto dolor. No lo demuestro, no quiero que me consideres un débil e insignificante ser y humano, y tampoco me gustaría decirte de frente que, ni una palabra escrita de mi parte se hará más. Hay un espacio en mi corazón que es tuyo, pero es muy egoísta que no lo arregles, que no le hagas una luz para él. Te maldigo y te bendigo; juré por las noches no buscarte y hacerme un amarre de tripas para poder dormir. Tu nombre lo muerdo y en el intento por querer estar bien en la madrugada, sangran mis labios y los dientes amarillos que me cargo se adelgazan, se les hace un surco. Habladores son los sueños, además de engañosos y unos perros sarnosos que me entusiasman con tu imagen, son malditos, pero también cachorros mal nacidos con el infortunio de cargar siempre en su vida, una cruz más pesada que la que mi pecho tiene cuando me dueles en mi cama. Lloro a solas, lloro y me bebo los mejores momentos que pasé contigo. También me trago las nueces como pelón de hospicio, trago saliva sin parar porque no hay bebida que calme mi sed y desesperación porque cambies en un día de estos de abril. Mañana es lunes, mañana tendré que despertar y como programación de mala calidad, está tu fotografía a primera hora, la última que te tomé cuando las albricias eran buenas, más no malas.

Persona Sosteniendo Pluma Estilográfica

Me gano la vida haciendo nieves de sabores que endulzan los labios de la gente, llevo el frío que no te cala, pero a mí me mata por dentro. El buzón está vacío, también por eso ya no te mandaré ni una carta más, porque allá como aquí, también haces falta tú. No es que sea malo, es que soy pésimo para quererte. Cambio la música que me recuerda a tu dulce ser que interrumpe siempre, o más bien interrumpía hace unos meses. Los años que llevamos me hacen ser una biblioteca andante de ti, de tus manías, de tus miedos, de lo más hermoso que te hace lucir y de los sueños frustrados con los amores que no pudiste vivir. Al rato que cene, calentaré la tetera para beberme el té de limón que tanto detestas; yo lo amo, y también, como a ti, me gustaría que él me matara.

Sudo frío, sueño caliente, despierto empapado y las cobijas en el piso; el amor no te mata, ni tampoco te hace ser fuerte, el amor, te hace creer que puedes controlar tu vida con las alegrías que son planes en forma de pláticas utópicas que nunca se van a recordar con exactitud, y también el amor te hace débil, un adolescente a los treinta, a los cuarenta, e incluso ya cuando te mueres. A cualquier hora llegas como una nube gris cargada de lluvia; también quemas cuando me haces llorar de tristeza, pero yo no lloro por ti con los ojos. Te lloro a mi manera, la más estúpida de todas: a silencios incompletos que valen más que tu soledad en mí. Me complicó la vida cuando existes, más si no lo haces y es una necesidad tan más tonta que me hagas falta, cuando ni siquiera te había escrito años atrás, porque no sabía que pudiese crearte.

Hombre De Azul Superior Mirando Hacia Los Lados

Cómo decirte que nunca podré abstenerme de no escribirte y que esto sólo es una farsa para taparle el ojo al macho, para que no se enoje, para que no me lie rompiendo la única promesa que te hice y me consideres un estúpido oportunista; pero contigo veo la gran oportunidad para ser inmortal juntos. Me quiero volar la cabeza y jamás pensar, jamás volver a ti, para no verte más en los días que no estaré contigo, porque mi mayor creación la tendré que encerrar en un anaquel frío, triste y cojo de las patas. Detrás de las puertas rotas estarás para siempre, a lado de un café de hace tres años, a un lado de la vainilla y atrás del orégano mal recordado del día diecisiete. Te aromarás como yo me aromé de ti, suplicarás que te deje en libertad, pero Dios sabe que tú no eres real y al final de toda esta palabrería se trató de una falsa historia de amor creada por la dificultad de no saber qué escribir.

-¿Ya terminaron las sesiones del paciente? Pregunto el doctor en turno.

-Si doctor, Márquez lo ha tratado con las dosis recomendadas.

-Por favor, Carmelita, que ya no le den más papel. Ese hombre está cuerdo, sólo dejen de darle más papel. Aíslenlo de todo el mundo y no deje que se quede con ningún lapicero. No dejen que escriba ni una carta más.

-¿Es todo doctor?

-Ah, no. Haz que se trague todo lo que ha escrito también.

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