¿Por qué existen los pezones masculinos y… la lactancia paterna?

Por Caleb Rojas

Tiempo de lectura: 5 minutos

Hablar sobre biología evolutiva siempre es muy interesante dado que es la rama de la ciencia que se encarga de estudiar los cambios estructurales, la diversidad de la naturaleza y cómo los seres vivos nos vamos adaptando a nuestro medio ambiente.

Debemos de tener en cuenta que la evolución no siempre es sinónimo de “mejorar” y que está determinada por muchos factores, entre los que se incluye la historia, el azar y el mecanismo de herencia, que revela por qué ciertos atributos de un organismo son distintos, aunque sea de la misma especie. Los pezones en los machos de los mamíferos ilustran que los resultados de la evolución están sometidos a ciertas restricciones.

En el caso de los seres humanos, cada uno de nosotros heredamos una réplica de cada gen del padre y de cada gen de la madre. Solo el cromosoma 23 es diferente, pues en la mujer este cromosoma tiene dos X, mientras que en el hombre tiene una X y un pequeño cromosoma Y. Por lo tanto, los genes del cromosoma 23 determinan todas las diferencias que existen entre ambos sexos, no solamente que unos individuos tengan ovarios y otros testículos, sino también las características secundarias a la etapa posadolescencia, como la barba, el tono de la voz y el desarrollo de las mamas.

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En consecuencia, los atributos que nos heredan es una combinación de ambos progenitores, desde un punto de vista genético, seas varón o mujer, existen diferencias considerables entre uno y otro sexo, a esto se le denomina dimorfismo sexual, lo cual también es responsable de la coloración del plumaje de las aves y las diferencias de tamaño de insectos, incluso de parásitos que ocasionan enfermedades en el ser humano.

Así como hay diferencias físicas o que se denotan en el fenotipo, también hay cosas o material genético distinto a lo que se denomina genotipo de cada especie; sin embargo, lo que suele ocurrir a lo largo de la evolución es que machos y hembras comparten características a través de correlaciones genéticas.

El desacoplamiento entre rasgos femeninos y masculinos se produce si se da una selección que lo propicie: si el rasgo es importante para la eficacia reproductiva de ambos o condiciona a una mejor forma de supervivencia.

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En términos de eficacia reproductiva, los pezones tienen su trascendencia de forma evidente en las hembras. Pero, como machos y hembras comparten características de manera genética, los pezones de los machos tal vez encuentren su mejor explicación como una correlación genética que persiste a falta de un factor selectivo en su contra, en lugar de una selección que los favorezca. En cierto sentido, los pezones masculinos son análogos a otras estructuras vestigiales, como los restos de huesos pélvicos inútiles en las ballenas: si fueran dañinos desaparecerían.

Entonces, podríamos decir que los pezones de los machos de un mamífero son un subproducto genético-arquitectónico de los pezones de las hembras. Así que los hombres tenemos pezones porque los tienen las mujeres.

En la actualidad, con la lucha de la igualdad entre los géneros, se ha puesto en boga las tetillas de los varones, que son el equivalente de las mamas en la mujer, por mucho tiempo fueron consideradas un misterio, pues aparentemente no cumplen con ninguna función biológica y cuya presencia plantea un problema para la teoría de la evolución. Sin embargo, de diferentes latitudes del planeta se reportan hombres que han logrado una lactancia inducida con solo la succión frecuente y prolongada de un bebé. Si esto ha ocurrido en hombres con mamas subdesarrolladas, ¿cómo es posible que las mujeres, que están mejor preparadas para este fin, abandonen la lactancia?

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Con el inicio de la pubertad, las mamas en el varón experimentan una mayor sensibilidad y una hinchazón más o menos dolorosa, a veces con la excreción de una pequeña cantidad de líquido análogo al calostro (líquido precursor de la leche materna.). Después, vuelven a sus dimensiones infantiles, y el hombre adulto las conserva así durante toda la vida. En fin, en el niño la mama es un órgano no desarrollado todavía; y en el hombre, es un órgano atrofiado, rudimentario, que mide apenas 20 a 25 mm de anchura y 3 o 5 mm de espesor.

La lactancia masculina es la producción de leche en los pechos de individuos varones, fenómeno que, aunque raro e inusual, ha sido observado en algunos animales y humanos de este género.

Se han descrito varias formas para lograr la lactancia masculina:

1) es un fenómeno muy común en el caso de hombres que toman hormonas femeninas o medicamentos que tengan efecto sobre las glándulas mamarias (metoclopramida, fenotiazidas, fitoestrógenos, prolactina, etc.).

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2) se observó entre hombres que habían estado en campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. Ellos habían estado hambrientos y sus cuerpos macilentos habían detenido algunas funciones, como la de producir hormonas. Como dejaron de producir testosterona, estrógenos, progesterona, etc., sus hígados también dejaron de producir las enzimas destinadas a neutralizar estas hormonas. Al terminar esa etapa de hambruna ocurrió que, al reincorporarse a una dieta normal, comenzaron a producir hormonas en cantidad, pero sus hígados, por una recuperación lenta de sus funciones, no producían suficiente cantidad de enzimas para que destruyeran las hormonas y, por consiguiente, este exceso de hormonas en sangre fue el responsable de que algunos hombres comenzaran a segregar leche por sus pechos.

3) en individuos con un tumor cerebral o adenoma hipofisario, cuya compresión sobre la pituitaria estimula la producción de prolactina.

Sin embargo, estudios publicados por la revista de pediatría de Cuba en 2015 por el MSc. Joaquín Román Lafont, se realizó una búsqueda sobre lactancia masculina online a través de Infomed e Internet, visitas a Bibliotecas especializadas y al Hospital Universitario “Calixto García” de la Habana, encontrando que un habitante de este país, lactó a su hija durante 22 meses, encontrando a su vez que esto fue posible por el método de inducción, es decir, que se inició y se mantuvo la producción de leche simplemente por la acción de un bebé, que succiona y estimula los pezones con suficiente frecuencia, intensidad y tiempo.

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Teniendo en cuenta que la existencia en el hombre de pequeñas glándulas mamarias, de tetillas con pezones sensibles a la estimulación por succión capaces de enviar los estímulos nerviosos al hipotálamo e hipófisis, y que en esta última glándula se almacena, tanto en el varón como en la mujer, entre otras, las hormonas prolactina y oxitocina necesarias para la producción y eyección de la secreción láctea, no es difícil aceptar científicamente que, aunque sea poco frecuente, en algunos hombres se cumplen los requisitos anatomofisiológicos necesarios para que se pueda producir la inducción o lactancia inducida, de manera que se inicie y mantenga la producción láctea por la acción de un bebé que succione los pezones con la suficiente frecuencia.

En realidad, existen testimonios desde antes de Cristo, en los que se han reportado lactancia masculina: Aristóteles (384-322 a.n.e.), Geoffrag Saint-Hilaire, etc.  ya reportaban que el aparato mamario del macho cabrío presenta el mismo desarrollo que en la hembra, y llegan a secretar leche.

Se dice que la naturaleza es sabia y quizás, los varones tenemos este complejo de pezones y mamas rudimentarias porque un bebé indefenso y llorando de hambre necesita sentirse protegido, amado y amamantado sin importar el género de la persona que lo haga.

Referencias

  • Scientific American’s Ask the Experts: Answers to The Most Puzzling and Mind-Blowing Science Questions.2019: Editors of Scientific American. 203 pp. 
  • Prats Este ve M. Cuando la mama se humaniza: La apasionante evolución de una glándula.  Conferencia de Clausura de la XXII Reunión Nacional de la Sociedad Española de Senología y Patología Mamaria- Valladolid octubre 2003. Revista de Senología y Pato/. Mam. 2004; 18(2). Disponible en: https://www.sespm.es/wp-content/uploads/revista/2004_18_2/5.pdf

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