¡Que vuelvan las bolas disco!

Por Diego Mendoza

Tiempo de lectura: 3 minutos

Al igual que los ámbitos, político, económico y social, el sector cultural enfrentó un estancamiento tras los estragos que dejó a su paso el primer año de pandemia por el virus COVID-19. El cine, el teatro y la televisión suspendieron –o en el peor de los casos cancelaron- grandes producciones, giras y espectáculos en vivo para así aminorar contagios y, por consiguiente, consecuencias más graves, sin embargo, el resultado de las medidas precautorias duró poco debido a que la crisis trastocó al personal de trabajo, a la comunidad artística e incluso a las personas que desde casa ansiaban ver alguna película, serie u obra con el objetivo de sobrellevar la peor etapa del confinamiento.

El debilitamiento de los productos audiovisuales aunado a una adaptación tardía de estos mismos a los espacios virtuales y sociodigitales llevó a que la sociedad buscara otras alternativas de consumo cultural y de entretenimiento para sobrevivir al encierro, las cuales se refugiaron en la industria musical a través de una situación peculiar que desde 2010 dio sus primeros pasos y ahora en 2020 estalló y consecuentemente agradó por completo ante esta disyuntiva de salud mundial: la reinvención retro-futurista del pop.

La pista de baile, ¿desde casa?

A inicios del 2021, la revista Rolling Stone realizó una publicación en línea donde enmarcaba una selección de los mejores álbumes del año anterior. En este listado llamó la atención que se mencionaran materiales discográficos como: After Hours del músico que se hace llamar “The Weeknd”; Future Nostalgia de la estrella albano-inglesa en ascenso Dua Lipa; “Chromatica” de la multifacética Lady Gaga y, por último, Plastic Hearts de la joven cantante Miley Cyrus. Todos estos tuvieron un desempeño favorable tanto en los charts de plataformas musicales como en ventas físicas al público.

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De igual manera, estos trabajos desprendieron grandes éxitos como “Blinding Lights”; canción del canadiense que explora en su totalidad el synth pop mientras envuelve una letra oscura y desgarradora, “Don’t Start Now”; un himno de empoderamiento que marcó el inicio de la nueva era de Dua Lipa a partir de sonidos propios del funk y matices finos de disco, o “Rain On Me”; una fórmula house/electro a dueto con Ariana Grandeque cumplió su cometido de no dejar morir el mundo utópico de la actriz ganadora de un OSCAR en 2019.

Lejos de la superficialidad del éxito comercial y la aceptación de las personas oyentes, la importancia de analizar este tipo producciones “convencionales” o “populares” radica en que se observa que todas estas clavaron su inspiración artística en ese anhelo de “quiero bailar, salir, divertirme, pero ¿cómo hacerlo si hay una pandemia allá afuera?”. Es decir, las principales caras del pop y sus composiciones musicales lograron entender que la única opción ante la desolación por la presencia de un futuro caótico y sin rumbo definido era bailar, alejarse de la realidad y remitir a nuevos mundos “cliché” creados a su manera bajo la sombra de lo que fueron las décadas de los setentas y ochentas.

No es fortuito que hoy vuelvan las bases llenas de sintetizadores pesados, los ritmos industriales ordenados, las cuerdas chillantes o hasta letras que, en su mayoría, rayan en lo romántico y cursi. El apelar a esa vida de ensueño reavivó ese sentimentalismo por volver a lo que las personas eran antes. En pocas palabras, estos sonidos experimentales –pero no por ello mediocres o imprevistos- impulsaron a que, aún desde el aislamiento, se recrearan esos momentos maravillosos donde lo único que importaba era la pista de baile, los pasos en sincronía con la melodía y lo más importante: ser el centro de atención y quizás la envidia de las miradas curiosas.

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Después de estar desplazada por los ritmos urbanos, caribeños y los nuevos descubrimientos como el trap latino, la nueva ola del pop dance del inicio de la segunda década del siglo XXI afianzó su lugar frente a un contexto musical diferente. No es una cuestión de oportunismo, sino que, sin pensarlo, la reconfiguración retro-futurista de este género musical sirvió como un bálsamo para curar las heridas abiertas que dejó la decepción por conocer el mañana; la cual, por desgracia, aún no termina y se muestra difícil de sanar.

Referencias

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