Epilepsia: “La chispa inadecuada”

Por Ángela Sierra

Tiempo de lectura: 4 minutos

Los límites que separan la Vida de la Muerte son, en el mejor de los casos, vagos e indefinidos. ¿Quién puede decir dónde termina una y dónde empieza la otra? …

El entierro prematuro – Edgar Allan Poe

Hace ya bastante tiempo, leí el cuento del que tomé el fragmento con el que doy introducción a este texto, relataba una serie de casos en los que las personas habían sido enterradas vivas debido a que presentaban una inconsciencia e inmovilidad tales que se prestaban a una siniestra confusión en la que se les declaraba muertos.

En esa historia se evidenciaba una condición médica denominada catalepsia. En la época que vivió Poe, no se contaba con las herramientas y procedimientos de ahora para asegurarse del deceso de una persona, por lo tanto, el escritor aprovechó el temor que dicha situación provocaba para escribir sobre ello en otros cuentos como “Berenice” y “La caída de la casa Usher”.

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Algunos piensan, que la obsesión de Poe por la inhumación prematura iba más allá de su gusto por escribir acerca de historias terroríficas, pues se cree que es muy probable que padeciera epilepsia del lóbulo temporal, enfermedad que lo llevaría a presentar episodios de confusión, automatismos psicomotores y alucinaciones visuales agravados por sus adicciones al alcohol y láudano (con grandes cantidades de opio).

La epilepsia es una de las tantas causas orgánicas asociadas a catalepsia y también ha sido un tema que se ha abordado en otras obras literarias como “El idiota” escrita por Fiódor Dostoievski, quien es más que sabido que padeció esta enfermedad desde temprana edad.

La epilepsia es un trastorno neurológico, que en la antigua Grecia se consideraba como una “enfermedad divina” puesto que para ellos solo los dioses podían ser capaces de provocar sacudidas violentas en las personas, quitarles la conciencia y después devolverlos a la vida.

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Fue nombrada así por el vocablo griego “epilambaneim” que significa “ser atacado o tomado por sorpresa”. En 1873 cuando por John Hungling Jackson realizó la primera definición que se usa hasta nuestros días, también publicó mucha información acerca del tema, lo que ayudó a su comprensión.

En la actualidad, se estima que afecta a aproximadamente a unos 50 millones de personas en todo el mundo, se caracteriza por la aparición de convulsiones que pueden afectar solo una parte del cuerpo (parcial) o ser generalizadas.

Ambas representan cambios en la actividad normal del cerebro y se deben a descargas eléctricas excesivas de un grupo de neuronas. Las manifestaciones clínicas dependen del área del cerebro que se encuentra afectada. Pueden ir desde episodios breves de ausencia o contracciones musculares hasta convulsiones prolongadas y graves.

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Las opciones terapéuticas son amplias. Van desde medicamentos conocidos como anticonvulsivantes o antiepilépticos que pueden mejorar los episodios en la mayoría de los casos. Sin embargo, si el cuadro clínico no mejora después de haber probado 2 o 3 fármacos distintos y no se obtiene una respuesta favorable se denomina “epilepsia resistente al tratamiento”. En estos casos es posible optar por otros procedimientos como la cirugía.

Una de las alternativas de tratamiento que han llamado la atención en los últimos tiempos es la neuroestimulación sensible, aprobada desde el 2013 por la FDA (Food & Drug Administration/ Administración de Alimentos y Medicamentos), que consiste en colocar un dispositivo, que monitorea la actividad eléctrica cerebral rastreando cualquier evento inusual, enviando señales a la parte del cerebro afectada para interrumpir esa actividad anómala, funcionando como lo hace un marcapasos.

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Toda la información se registra a manera de una bitácora para determinar patrones de la función cerebral y la aparición de las convulsiones para poder predecirlas y reajustar el tratamiento. No obstante, a pesar de que los diseñadores del dispositivo han reportado que 44% de los pacientes que lo usaron redujeron las crisis epilépticas durante el primer año de uso, aumentando hasta 60% después de tres años, no todas las personas son candidatas para portar este dispositivo, además de que no muchos pueden costearlo.

Una de las situaciones que representan un reto para el manejo de esta enfermedad es que cerca del 80% de quienes la padecen viven en países de bajo a mediano ingreso y tres cuartas partes de ellos no reciben el tratamiento adecuado, ya sea por falta de acceso a servicios de salud o que, a pesar de ya contar con un diagnóstico y plan de tratamiento, lo suspenden o no lo inician por la imposibilidad de pagarlo.

El riesgo de muerte prematura en los pacientes con epilepsia es tres veces mayor que en la población general y del 30 al 40% de los niños con este diagnóstico tienen problemas de desarrollo y aprendizaje.

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Esta enfermedad se ha colocado entre las enfermedades neurológicas más comunes y algunas de las causas asociadas a este trastorno son prevenibles, entre las que podemos mencionar a los traumatismos craneoencefálicos, infecciones cerebrales, lesiones perinatales o accidentes cerebrovasculares, por lo que la prevención, al igual que en todas las enfermedades, debe ser el cimiento en el que se apoyen los esfuerzos de los servicios de salud.

Es importante que conozcamos en que consiste esta enfermedad y sepamos actuar si en algún momento nos toca presenciar a una persona con una crisis convulsiva. Lo más importante es colocarla sobre un costado y posar su cabeza elevada sobre una superficie plana y suave (doblar una prenda de vestir puede funcionar), retirar objetos que estén alrededor con los que se pueda lastimar, NO introducir objetos en su boca ni intentar sujetarla con fuerza para evitar sus movimientos. Acompañar a la persona hasta que recupere la conciencia. Si el episodio dura más de 5 minutos o sucede otro episodio poco después del primero, llamar al servicio de urgencias.

Seamos profesionistas de la salud o no, estar informados nos permite una mejor comprensión para actuar de manera oportuna ante diversos padecimientos como la epilepsia.

Referencias

  • Figueroa-Duarte AS, Campbell-Araujo OA. La Visión de la Epilepsia a Través de la Historia. Bol Clin Hosp Infant Edo Son. 2015;32(2):87-101.

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