Doctrina Estrada

Por Jaffeth Marín

Tiempo de lectura: 4 minutos

Nos encontramos a menos de un mes de que concluyan las elecciones en Estados Unidos de Norteamérica, por lo cual pareciera estrictamente necesario hablar sobre ellas, aunque en otro sentido al esperado.

Para iniciar, debemos saber que independientemente de las especulaciones que realizan diversos analistas, hoy en día no se tiene una certeza infalible acerca de quién será el próximo representante ejecutivo de la nación vecina; no obstante, debemos asimilar que sea quien fuere el próximo presidente del país Norteamericano, México debe y deberá mantenerse al margen, como siempre lo ha hecho a lo largo de su historia.

Para esto hay que reconocer la calidez y sensatez que siempre ha caracterizado a la cultura mexicana, y como ejemplificación de esta conciencia diplomática nos tropezamos con el suceso del año 1962, cuando Cuba fue expulsada de la Organización de Estados Americanos, México no rompió relaciones con la isla caribeña. A partir de este pensamiento es que empezaremos a desentrañar el tema que nos concierne: La Doctrina Estrada.

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Genaro Estrada Félix nació el 2 de junio de 1887 en la ciudad de Mazatlán, Sinaloa. Desde temprana edad mostró pasión por la literatura y el derecho. No fue sino hasta el 1 de diciembre de 1928 que el presidente en turno (que por cierto era provisional) Emilio Portes Gil lo designó titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores; ya para el 5 de febrero 1930 el entonces presidente Álvaro Obregón renovó su nombramiento en el cargo gubernamental.

Aquí es cuando se vuelve famosa su doctrina pues ya que en ese momento al ámbito internacional se encontraba en una gran convulsión debido a que Estados Unidos de Norteamérica e Inglaterra presionaban a las demás naciones para imponer sus términos y principios.

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En ese momento (27 de septiembre de 1930 para ser precisos) Genaro Estrada envío un texto a todos los representantes mexicanos de las diversas embajadas para ordenar la postura del Estado Mexicano. Un fragmento de aquel icónico texto versa de la siguiente manera:

Después de un estudio muy atento sobre la materia, el gobierno de México ha transmitido instrucciones a sus Ministros o Encargados de Negocios en los países afectados por las recientes crisis políticas, haciéndoles conocer que México no se pronuncia en el sentido de otorgar reconocimientos porque considera que ésta es una práctica denigrante, que sobre herir la soberanía de otras naciones, coloca a éstas en el caso de que sus asuntos puedan ser calificados, en cualquier sentido, por otros gobiernos, quienes de hecho asumen una actitud crítica al decidir favorable o desfavorablemente sobre la capacidad legal de regímenes extranjeros.

En consecuencia, el gobierno de México se limita a sostener o retirar cuando lo crea conveniente a sus Agentes Diplomáticos y a continuar aceptando, cuando también lo considere procedente, a los similares Agentes Diplomáticos que las naciones respectivas tengan acreditados en México, sin calificar precipitadamente, ni a posteriori, el derecho que tengan las naciones extranjeras para aceptar, mantener o sustituir a sus Gobiernos o autoridades. (Doralicia, 2020)

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Resumida así, la Doctrina Estrada refleja una propuesta de respeto a la independencia y autonomía de los Estados con los que México se relaciona; es decir, respeto a su idiosincrasia, a la forma como deben organizarse internamente, a la manera como cada sociedad escoge sus formas de gobierno.

Dicho en otros términos, hay que respetar la pluralidad sin que la forma de organización interna de cada grupo social tenga relevancia especial en las relaciones entre países. Este presupuesto de la Doctrina Estrada rechaza definitivamente todo tipo de injerencia en asuntos internos.

Hoy en día este principio de no intervención y respeto a la soberanía nacional de los pueblos es llevada a cabo de forma integral por el gobierno federal.

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Teniendo esta doctrina como premisa podemos entender que México no debe ni puede codepender de las elecciones Norteamericanas, naturalmente que habrá repercusiones políticas en nuestros suelos, pero México entre más atienda a este principio de independencia y libertad, menos afectaciones tendrá.

Lectores consentidores, no creamos que si gana Trump le irá mejor a nuestro país o caso viceverso con Biden, pues el gobierno americano cambiará, más no su estado.

Referencias

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