El color de tu piel vale oro

Por Renata Escobar

Tiempo de lectura: 4 minutos

El término pigmentocracia, ocupado desde hace casi un siglo, se refiere a un orden social donde “el tono de piel de las personas tiene efectos fuertes e importantes sobre su posición socioeconómica y la estratificación social” explica Patricio Solís, profesor-investigador del Centro de Estudios Sociológicos del Colegio de México, así como Investigador Principal del PRODER (Proyecto sobre Discriminación Étnico-Racial en México) basado en el COLMEX. México es un país con profunda desigualdad social, y este carácter tiene una correlación innegable con rasgos epidérmicos.

Estudios de OxfamINEGI y PERLA, lo comprueban tanto así como la vida diaria, en donde es evidente que el rezago económico, social y profesional está concentrado en personas de tonalidad de piel más oscura.

En la pigmentocracia, las tonalidades de piel existen de forma relacional y contextual: el significado social de cada “color” está moldeado a partir de una intervención humana sobre una materia prima biológica. Dentro de este sistema, quien es “blanco” también es “rico”, es decir: la blancura funciona como un espacio de privilegio anhelado, una aspiración de pertenencia social.

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La blancura solo existe en relación con otras categorías sociales, como la clase y las conjunciones culturales que la hacen posible. Ser “blanco” en México no es solo una cuestión de un color determinado, sino también de las relaciones sociales y del contexto cultural.

Analizar el sistema pigmentocrático en México nos permite hablar del racismo y el clasismo como dispositivos de poder de funcionamiento simultáneo, co-constitutivos e interdependientes. Se suele decir que en México “no hay racismo” porque todos los mexicanos son mestizos, miembros de la “raza cósmica”.

Y, en efecto, en nuestro país no existe el racismo basado exclusivamente en la identificación de unos ciertos rasgos fenotípicos. Lo que hay es una combinación de racismo y clasismo, es decir, una forma de discriminación que, a través de la interpretación social de unos ciertos aspectos biológicos (los rasgos, el color de la piel), caracteriza a estos aspectos como “positivos” o “negativos”.

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Así, en el sistema pigmentocrático el sujeto “blanco” existe solo de forma relacional: el “güerito” y la “güerita” se definen a partir de una percepción social ligada a cierto perfil socioeconómico—cómo están vestidos, qué comen, dónde trabajan y con quién salen a pasear.

El sistema pigmentocrático de México de esta manera circula y se reproduce continuamente en diferentes medios, desde la cultura popular hasta los discursos políticos oficiales.

México, un racismo «de asimilación»

En Estados Unidos, la conversación sobre el racismo ha cobrado relevancia recientemente debido a la muerte de George Floyd y otras personas negras a manos de policías blancos, que muchos reclaman como racismo y brutalidad policial. Esa conversación sobrepasó fronteras e hizo que México activara estas conversaciones tanto en las calles como en los medios de comunicación.

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El racismo norteamericano es un racismo de separación, de segregación. Todavía en los años setenta había estados que penalizaban el matrimonio entre grupos étnicos, raciales. Entonces, ese es el tipo de racismo que todos imaginamos. Un racismo que habla de pureza blanca, de superioridad blanca.

En cambio, el racismo mexicano es racismo de asimilación, donde la condición de poder existir en esta sociedad es que pierdas todas tus características, que te asimilen a la mayoría, en este caso al estereotipo de mestizo, ¿no?

La estratificación de la sociedad con respecto al color de piel no es exacta en el caso mexicano. Los peninsulares y otros grupos étnicos que llegaron al país no siempre son estrictamente de piel blanca.

Más bien, en la medida en que una persona tiene rasgos más anglosajones tiene menos probabilidades de ser discriminada; por lo tanto, cuenta con mayores ventajas. Prevalecen en las instituciones patrones que reproducen aspectos que históricamente clasificaban a la sociedad.

En México es muy difícil trascender la barrera de la clase social, pero mucho más para quienes tienen un origen predominantemente indígena. Ésa es una inconfortable verdad de nuestra sociedad. Luis Spota hizo una magnífica novela al respecto: Casi el paraíso.

Reconocer que en México se discrimina por razones étnicas, es decir que existen prácticas sistemáticas de racismo, no es una manera de abonar a la división nacional, sino de identificar una de las causas por las que no podemos avanzar en construir una sociedad más justa. Lo que se requiere son políticas de acción afirmativa para impulsar a los grupos étnicos y combatir en serio, la reproducción de estereotipos.

Recordar que muchas veces es el aspecto, no el trabajo ni la calidad humana, lo que determina las posibilidades de éxito sirve para hacer un replanteamiento de una sociedad mejor. Por eso, bienvenida la reflexión en torno a la pigmentocracia, aunque no siempre sea un concepto exacto.

Referencias

  • Episodio 17 T.4 de Se Regalan Dudas

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Elizabeth Valencia Villafaña dice:

    Triste realidad mi papá por ejemplo es Moreno y siempre está diciendo es mejor alguien de piel blanca ya prefiero no decirle nada el tono de piel no te hace ser menos importa mas ser mejor ser humano

    Le gusta a 1 persona

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