El carruaje de Platón: la lucha entre la razón y la emoción

Por Angela Sierra

Tiempo de lectura: 3 minutos

En su diálogo “Fedro”, Platón compara el alma humana con un carruaje alado tirado por dos caballos, uno blanco y uno negro. El primer caballo representa lo bueno, la virtud y el valor, mientras que el otro, simboliza lo malo, el vicio y el deseo. Evidentemente, podríamos pensar que, siendo opuestos, la conducción de dicho vehículo representa un reto. Sin embargo, aquí es donde toma relevancia el cochero o auriga, a quien el filósofo griego emplea como una personificación de la razón.

En algunas culturas, ha existido la creencia de que el cuerpo es solo un “cascarón” que alberga un ente inmaterial denominado “alma”, siendo esta, la esencia de los individuos y, por lo tanto, la fuente de los sentimientos y pensamientos. Sin embargo, más allá de la visión casi poética que se tiene acerca del alma, sabemos que, lo que hace que los seres humanos reciban e interpreten los estímulos, generando todo tipo de respuestas a las mismas, es el sistema nervioso.

La evolución ha dotado a los seres humanos con una maquinaria biológica compleja que le ha permitido adaptarse y sobrevivir a través del tiempo. Y no es que otros seres vivos no tengan una estructura fascinante desde el punto de vista biológico, pero a diferencia de ellos, nuestra especie ha desarrollado de manera distinta la corteza cerebral.

Desde el punto de vista filogenético, la corteza cerebral más antigua se denomina allocorteza, constituida por la paleocorteza (u olfatoria) y la arquicorteza (lóbulo límbico), esta representa el 10% de la corteza humana. La neocorteza constituye el 90% restante y se denomina así debido a su desarrollo reciente en el proceso evolutivo con la aparición de mamíferos, propiciando un aumento en el tamaño de los hemisferios cerebrales.

Dicho lo anterior, y al ser ampliamente conocido que el cerebro es un órgano regente para el funcionamiento de cada una de las partes del cuerpo humano, es menester deducir que también es responsable de la generación de las emociones e ideas. Usando de nuevo la alegoría de Platón, el carruaje es jalado por caballos, mismos que corresponderían al sistema límbico mientras que el auriga sería la corteza prefrontal.

En el humano, el sistema límbico es cinco veces más grande que el de una de las especies directamente relacionadas con nosotros en la escala evolutiva: el mono. Esto obedece en parte a que nuestra especie ha creado necesidades que van más allá de lo biológico. Es frecuente suponer que la capacidad de razonamiento es la única que tiene utilidad y que la parte emocional de nuestro cerebro es poco significativa., sin embargo, como lo planteó Charles Darwin, existe una relación ineludible entre inteligencia y emoción, pues de ello depende la supervivencia y la creación de vínculos sociales.

Cuando algo representa una amenaza para nosotros, nuestra primera reacción es emocional antes que racional debido a que se requiere una respuesta rápida que permita la supervivencia, y se sabe que la velocidad del impulso nervioso llega alrededor de tres veces más rápido al sistema límbico (en particular a la amígdala) que a la neocorteza.

Como ya ha quedado establecido, la gama de emociones transita de manera general entre las positivas y las negativas. Cuando un estímulo llega a la amígdala, esta lo reconoce, pues junto con el hipocampo constituyen la memoria de las emociones, lo que hace que la respuesta ulterior sea congruente al estímulo recibido. Es decir, si el estímulo se percibe como nocivo, otro componente del sistema límbico, el hipotálamo, se encargará de estimular la liberación de catecolaminas con lo que se genera una respuesta con dos resultados posibles: la huída o el ataque. Por otro lado, si el estímulo inicial se percibe como benéfico, entonces la información se dirige al núcleo accumbens, donde se generarán respuestas que traigan consigo una conducta de acercamiento, entre ellas una descarga de dopamina.

La reacción rápida de las emociones hace que estas sean difíciles de dominar, más no es un acto imposible, puesto que es la neocorteza, en particular la región prefrontal (zonas ventromedial y orbitofrontal) la que identifica, controla, inhibe e interpreta dicha emoción, dándole un sentido. La descarga de neurotransmisores que se generó un instante previo puede nublar el entendimiento, pero conforme pasa su efecto, la parte racional se manifiesta para poder guiar nuestra conducta, creando una serie de conexiones neuronales que servirán como patrón para reacciones futuras.

La alegoría del carruaje nos sirve para entender que toda clase de emoción requiere de la intervención de la razón, pues es ella una característica que nos distingue como especie. Sin la razón, los actos no tienen dirección y podrían engendrar consecuencias irreparables, no solo en lo individual sino también en lo colectivo pues cabe recordar que somos seres sociales.

Es común escuchar, a manera de justificación, que el ser humano actúa acorde a su “naturaleza”, refiriéndose como natural al comportamiento instintivo que existe en todas las especies animales. Sin embargo, esa idea desdeña la capacidad de razonamiento que nos distingue. Pensar y actuar deben seguir ese estricto orden. Si bien, el impulso nervioso llega antes a la allocorteza y unos milisegundos después a la neocorteza. No olvidemos que esta última excede en volumen a la primera y es ahí donde se conjunta la información dotándola de una interpretación para generar las pautas del comportamiento. Aceptar ese hecho nos permitirá mostrar una conducta más humana y menos bestial.

Bibliografía:

– Carlson NR (2014). Fisiología de la conducta. (11ª ed.) Ed. Pearson Educación. Madrid, España.

– Bourdin, Gabriel Luis (2016). Antropología de las emociones: conceptos y tendencias. Cuicuilco. Revista de Ciencias Antropológicas, 23(67). [fecha de Consulta 31 de mayo de 2020]. ISSN: 2448-9018. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=5295/529555490004.

– Muzio, G. (2014, diciembre 31). EL CEREBRO EMOCIONAL Parte I: Emociones y Sentimientos. Recuperado 31 de mayo de 2020, de https://bluesmarteurope.com/2014/12/31/el-cerebro-emocional-parte-i-emociones-y-sentimientos/

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